Las empresas estadounidenses Lockheed Martin y RTX (antigua Raytheon) mantienen conversaciones iniciales con el Gobierno de Estados Unidos para fabricar sistemas de defensa antiaérea Patriot directamente en Ucrania, según han revelado ejecutivos de la compañía. El objetivo sería reforzar la capacidad de defensa aérea ucraniana ante los continuos ataques rusos, aunque aún no se ha determinado la viabilidad técnica ni el alcance del proyecto.

«Trabajando con el Gobierno de Estados Unidos, estamos evaluando qué es factible y qué es lo mejor para Ucrania», declaró Tom Laliberty, ejecutivo de RTX, en declaraciones recogidas por la prensa especializada. La producción local de los sistemas Patriot supondría un salto cualitativo en la autonomía militar de Kiev, al permitir un suministro más rápido y directo de los misiles interceptores.

La estimación presupuestaria para un conflicto con Irán

En paralelo, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, ofreció este martes en una audiencia en Washington una estimación de 37.500 millones de dólares para cubrir «ciertos aspectos» de una eventual guerra con Irán. La cifra forma parte de una solicitud de casi 90.000 millones de dólares en fondos suplementarios que la administración Trump considera urgentes para hacer frente a los costes derivados del conflicto en Oriente Próximo.

La sesión, calificada por algunos medios como «tensa», reflejó las divisiones en el Congreso respecto al gasto militar. Hegseth defendió que la partida es necesaria para garantizar la preparación de las fuerzas estadounidenses y de sus aliados de la OTAN, especialmente en el flanco sur de la Alianza, que quedaría expuesto en caso de una escalada bélica con Teherán.

Ambas iniciativas —la producción de Patriot en Ucrania y la previsión presupuestaria para Irán— evidencian la estrategia de Washington de reforzar simultáneamente los frentes europeo y de Oriente Próximo, en un momento de tensión máxima con Rusia y con la República Islámica. Para España, como miembro de la OTAN, las implicaciones son directas: un conflicto con Irán afectaría la seguridad del Mediterráneo oriental y el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, mientras que el fortalecimiento de las defensas ucranianas alivia la presión sobre el flanco este de la Alianza.