La Fuerza Aérea de Estados Unidos baraja un nuevo objetivo para el tamaño de su flota del bombardero furtivo B-21 Raider, según un consenso creciente entre expertos, legisladores y mandos del Pentágono. El programa, desarrollado por Northrop Grumman, es la apuesta de Washington para mantener su capacidad de penetración en defensas aéreas avanzadas durante las próximas décadas.
Debate sobre el número de unidades
Actualmente, el plan oficial contempla la adquisición de al menos 100 unidades del B-21, pero voces dentro del Pentágono y del Congreso consideran que esa cifra podría ser insuficiente ante el refuerzo de las capacidades antiaéreas de China y Rusia. El debate se ha intensificado en los últimos meses, con informes internos que sugieren que una flota mayor reforzaría la disuasión estratégica en un entorno global cada vez más competitivo.
El B-21 Raider, sucesor del B-2 Spirit, está diseñado para misiones de bombardeo de largo alcance con capacidad nuclear y convencional. Su producción en serie comenzó a finales de 2023, y las primeras entregas operativas están previstas para mediados de la década de 2020.
Presión presupuestaria y de capacidades
Los partidarios de ampliar la flota argumentan que el coste unitario, estimado en unos 750 millones de dólares, podría reducirse con pedidos mayores. Sin embargo, el incremento del objetivo topa con las restricciones presupuestarias del Pentágono, que debe equilibrar las inversiones entre el B-21, los cazas de nueva generación y la modernización de la tríada nuclear.
Según fuentes del Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea podría formalizar una revisión al alza del objetivo de flota en el próximo ciclo presupuestario, que se presenta al Congreso en los próximos meses. La decisión final dependerá de las prioridades estratégicas fijadas por la administración Trump y del apoyo legislativo en un año electoral.




