El Gobierno de Estados Unidos está debatiendo la posibilidad de ampliar el alcance geográfico del despliegue de armas nucleares en países miembros de la OTAN, según fuentes propias citadas por la prensa británica. Las conversaciones incluirían a naciones de Europa del Este y la región báltica, situadas en las proximidades de las fronteras rusas, en un movimiento que busca reforzar la disuasión del bloque frente a Moscú.
Un giro en la estrategia nuclear de la OTAN
Actualmente, las armas nucleares estadounidenses en Europa se almacenan en bases de Bélgica, Alemania, Italia, los Países Bajos y Turquía, países que participan en los acuerdos de intercambio nuclear con Washington. La posible extensión a nuevos países, especialmente a aquellos que limitan con Rusia, supondría un cambio significativo en la postura defensiva de la Alianza y podría tensar aún más las relaciones con el Kremlin.
En Washington se está debatiendo la posibilidad de ampliar el alcance geográfico del despliegue de armas nucleares en países de la OTAN.
La información, publicada el 2 de junio de 2026, no precisa qué países concretos están siendo considerados ni el calendario previsto para una posible decisión. Sin embargo, fuentes del Pentágono consultadas por medios británicos confirmaron que el debate se enmarca en la revisión anual de la postura nuclear de la Alianza, que los aliados actualizan periódicamente.
La reacción de Moscú
Rusia, que considera la expansión de la OTAN hacia sus fronteras como una amenaza directa a su seguridad nacional, ya ha advertido en repetidas ocasiones que cualquier movimiento de armas nucleares más cerca de su territorio sería respondido con medidas de disuasión equivalentes. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso aún no ha comentado oficialmente la información publicada por el rotativo británico.
La ampliación del paraguas nuclear de Estados Unidos se produce en un contexto de elevada tensión entre la OTAN y Rusia, agravada por la guerra en Ucrania y el despliegue de sistemas de misiles hipersónicos rusos en la vecindad de los países bálticos. Los analistas consultados por medios británicos consideran que esta medida podría incrementar el riesgo de una escalada accidental en la región más militarizada de Europa desde la Guerra Fría.




