El presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mantienen desacuerdos significativos sobre cómo abordar a Irán y la reapertura del Estrecho de Ormuz, según un informe del think tank estadounidense Defense Priorities. La divergencia estratégica se produce en un momento de máxima tensión regional, tras el cierre parcial de la vía marítima clave para el tránsito de petróleo.

Presión sobre Irán y posible vía negociadora

Según el análisis del think tank Defense Priorities, la administración estadounidense busca que Irán ceda y reabra el estrecho como paso previo a una posible reanudación de las conversaciones nucleares. El informe señala: «En última instancia, para lograr que Irán ceda y reabra el estrecho de Ormuz —y luego potencialmente llegar a conversaciones nucleares más adelante—», reflejando la tesis de que la presión militar o diplomática podría forzar a Teherán a negociar.

Sin embargo, fuentes cercanas a Netanyahu indican que el Gobierno israelí preferiría una postura más dura, sin concesiones previas, y considera que cualquier negociación nuclear debe subordinarse al desmantelamiento completo del programa iraní. Esta diferencia de enfoques ha tensado la relación bilateral, que en el pasado se había caracterizado por una fuerte sintonía entre ambos líderes.

Implicaciones regionales

El Estrecho de Ormuz es una arteria vital por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Su cierre parcial por parte de Irán en respuesta a las sanciones estadounidenses ha disparado los precios del crudo y amenaza la economía global. El desacuerdo entre Washington y Tel Aviv sobre cómo gestionar la crisis añade incertidumbre diplomática en una región ya de por sí volátil.

La Casa Blanca no ha hecho declaraciones oficiales sobre las diferencias, pero fuentes del Departamento de Estado citadas por la prensa estadounidense admiten que «las conversaciones con Israel son complejas» y que «ambos países comparten el objetivo final, aunque difieren en los métodos».