Los dos terremotos que sacudieron Venezuela la semana pasada han dejado más de 1.400 muertos y decenas de miles de desaparecidos, según las autoridades. La catástrofe humanitaria ha desatado una compleja respuesta internacional en la que se entrecruzan cálculos de inteligencia, operaciones de influencia y temores a la desinformación, según analizan fuentes de seguridad citadas por medios especializados en inteligencia y seguridad nacional.

La respuesta estadounidense: sin USAID, pero con maquinaria militar

El análisis señala que cuando llegaron las noticias del seísmo, en Washington se produjo una pausa silenciosa mientras los responsables se preguntaban cómo respondería Estados Unidos sin la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), desmantelada durante la administración Trump. A diferencia del terremoto de 2010 en Haití, cuando USAID coordinó el despliegue inmediato de equipos urbanos de búsqueda y rescate, buques de guerra y miles de efectivos —con el presidente Obama situando a USAID como agencia rectora—, el vacío de esa institución ha obligado a improvisar.

La administración Trump ha respondido movilizando múltiples equipos USAR de condados como Fairfax, Los Ángeles y Miami-Dade, que ya operan sobre el terreno. El Departamento de Estado ha comprometido 300 millones de dólares en asistencia, con promesas de nuevas partidas. El Pentágono, denominado en el artículo como Departamento «de Guerra», ha aportado aviones de transporte C-17 y aeronaves Osprey del Cuerpo de Marines para el puente aéreo humanitario.

El riesgo de la desinformación en zonas de desastre

El análisis advierte de que, en catástrofes de esta magnitud, los actores externos pueden aprovechar el caos para lanzar campañas de desinformación, manipular la narrativa sobre la distribución de la ayuda y socavar la legitimidad del gobierno afectado o de los países donantes. La inteligencia estadounidense sigue de cerca posibles operaciones de influencia rusas y chinas en la zona, así como las reacciones de actores regionales como Colombia y Brasil, que comparten frontera con Venezuela y han ofrecido asistencia.