El Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) confirmó este miércoles la llegada del grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz al mar Caribe, en una escalada militar que coincide con las crecientes amenazas de Washington contra Cuba. El despliegue incluye al destructor USS Gridley y otras unidades de guerra, según el anuncio oficial realizado en la red social X.

Un movimiento en el «patio trasero» estadounidense

El arribo del Nimitz, uno de los portaaviones más emblemáticos de la Armada estadounidense, se produce en un contexto de máxima tensión diplomática entre ambos países. Aunque SOUTHCOM describió la operación como rutinaria, fuentes del Pentágono citadas por medios locales admiten que el despliegue busca «enviar una señal clara» al gobierno de la isla. La medida eleva la presión sobre La Habana y marca un punto de inflexión en la estrategia de sanciones que EE.UU. mantiene desde hace décadas.

El grupo de ataque está compuesto por el portaaviones de propulsión nuclear, el destructor lanzamisiles Gridley y posiblemente un submarino de escolta, aunque SOUTHCOM no ha detallado la composición completa. La capacidad de combate del Nimitz incluye más de 60 aeronaves y sistemas de defensa antimisiles, lo que convierte a esta fuerza en una de las más poderosas desplegadas en el Caribe en los últimos años.

Welcome to the Caribbean, Nimitz Carrier Strike Group!, escribió SOUTHCOM en X, junto a imágenes del portaaviones navegando en aguas cercanas a Cuba.

Antecedentes de una escalada

El despliegue se enmarca en un endurecimiento del discurso estadounidense hacia Cuba. En las últimas semanas, altos funcionarios de la administración del presidente Donald Trump han amenazado con «acciones contundentes» si La Habana no modifica su política interna, en particular en lo relativo a los derechos humanos y el apoyo a regímenes aliados de Rusia. El gobierno cubano, por su parte, ha denunciado el movimiento como una «provocación imperialista» y ha ordenado a sus fuerzas armadas mantener «alerta máxima».

La llegada del Nimitz al Caribe supone un desafío directo a la doctrina de seguridad regional, y recuerda a la crisis de los misiles de 1962, cuando Washington impuso un bloqueo naval a la isla. Aunque el contexto geopolítico es distinto, la presencia de un portaaviones a pocas millas de la costa cubana reactiva el fantasma de una confrontación directa en el hemisferio occidental.