El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ha admitido haber despedido por error a varios especialistas críticos en seguridad nuclear. El fallo, calificado por el propio Wright como «un error humano de consecuencias potencialmente graves», ocurre en un momento de máxima tensión internacional, después de que expirara el tratado bilateral de control de armas New START entre Washington y Moscú.
Durante una comparecencia en Washington el 13 de mayo, Wright declaró:
Despedí por error a varios especialistas críticos en seguridad nuclear.
El secretario no precisó el número de trabajadores afectados ni el tiempo que estos permanecieron fuera de sus puestos, pero reconoció que el incidente pone en evidencia la fragilidad de los protocolos internos del Departamento de Energía.
Monitoreo global tras el fin del New START
En la misma comparecencia, Wright afirmó que Estados Unidos monitorea toda la actividad nuclear en el mundo las 24 horas del día, los siete días de la semana desde que expiró el tratado New START. La vigilancia permanente, según explicó, incluye tanto las capacidades ofensivas de potencias nucleares reconocidas como posibles proliferaciones de actores no estatales.
El New START, firmado en 2010, limitaba los arsenales nucleares de Rusia y Estados Unidos a un máximo de 1.550 cabezas desplegadas. Su expiración en 2026 —sin que ambas partes alcanzaran un nuevo acuerdo— ha eliminado el principal marco de verificación mutua. La comunidad internacional ha expresado su preocupación por el vacío legal que deja el fin del tratado, y el error en la gestión de personal nuclear por parte de Washington añade un nuevo factor de riesgo en un escenario ya de por sí delicado.
Según fuentes del Departamento de Energía citadas por medios estadounidenses, los especialistas despedidos desempeñaban funciones en la gestión de materiales fisionables y en la seguridad de instalaciones críticas. Wright aseguró que se ha restablecido la plantilla, pero no ofreció garantías de que el incidente no pueda repetirse. Mientras tanto, la vigilancia global 24/7 no ha logrado disipar las dudas sobre la capacidad real de Washington para controlar su propio aparato nuclear.




