La Administración estadounidense ha reducido de forma significativa la concesión de visados a ciudadanos africanos y ha cerrado varias embajadas en el continente, según fuentes diplomáticas. La medida, que se enmarca en un endurecimiento general de la política migratoria, está provocando tiempos de espera interminables y un aumento de los rechazos fronterizos.
El número de oficinas consulares estadounidenses en África ha disminuido en los últimos meses, lo que obliga a los solicitantes a desplazarse a países vecinos o a esperar meses para una cita. La decisión, asumida abiertamente por Washington, responde a criterios de control migratorio y seguridad nacional, según portavoces oficiales.
Un giro respecto a la era Biden
Durante la presidencia de Joe Biden, Estados Unidos había apostado por aumentar la presencia diplomática en África como parte de su estrategia para contrarrestar la influencia de China y Rusia. El cierre de embajadas supone un cambio de rumbo radical que, según analistas internacionales, debilita la presencia blanda estadounidense en la región.
La medida afecta directamente a países como Nigeria, Etiopía o Kenia, donde la demanda de visados es tradicionalmente alta. Los consulados que permanecen abiertos funcionan con personal reducido, lo que alarga los plazos de tramitación hasta seis meses en algunos casos.
Consecuencias para la movilidad africana
Las restricciones tienen un impacto directo sobre estudiantes, empresarios y trabajadores africanos que pretendían viajar a Estados Unidos. Varias asociaciones de derechos humanos han denunciado que el endurecimiento discrimina a los solicitantes africanos respecto a los de otras regiones, aunque el Gobierno estadounidense lo niega.
La decisión se produce en un contexto de aumento de la presión migratoria en la frontera sur de Estados Unidos y de creciente retórica antiinmigrante.




