Estados Unidos lanzó este martes 9 de junio una serie de bombardeos contra posiciones iraníes en represalia por el derribo de un helicóptero militar estadounidense en el estrecho de Ormuz. El intercambio de fuego, que también incluyó ataques con drones de la Guardia Revolucionaria iraní contra bases estadounidenses en Baréin, Jordania y Kuwait, amenaza con desbaratar las frágiles negociaciones de paz que ambas naciones mantienen.

El Ministerio de Defensa estadounidense confirmó los bombardeos en un comunicado emitido anoche, en el que justificó la acción como una «respuesta proporcionada» a la agresión iraní. Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní aseguró haber atacado con drones bases militares de Estados Unidos en tres países de la región, en una escalada que eleva la tensión a niveles no vistos desde los ataques de enero de 2020.

Irán denuncia el retiro de su cupo de entradas para el Mundial

En paralelo a la escalada militar, la Federación iraní de fútbol denunció que las autoridades le han retirado el cupo de entradas asignado para el Mundial de fútbol, que comienza el 14 de junio en Estados Unidos. Según el organismo, cientos de aficionados iraníes que ya habían organizado su viaje a Los Ángeles se han quedado sin billetes para seguir a la selección, que debuta el 15 de junio ante Nueva Zelanda.

La Federación iraní habló de «injerencia de consideraciones políticas» e instó a la FIFA a respetar sus principios de neutralidad.

El gesto diplomático, que coincide con los bombardeos, ha sido interpretado como una presión adicional de Washington —país anfitrión del torneo— contra Teherán. La FIFA no se ha pronunciado oficialmente sobre el incidente, que amenaza con empañar el clima de fraternidad deportiva que precede al evento.

El intercambio de ataques militares y la disputa por las entradas del Mundial reflejan el profundo deterioro de las relaciones bilaterales, en un momento en que las negociaciones para un acuerdo de paz —mediadas por Qatar y Omán— parecen estancadas. La comunidad internacional ha instado a la moderación, mientras las potencias europeas, incluida España, observan con preocupación la posibilidad de un conflicto abierto que desestabilice el golfo Pérsico.