Las fuerzas militares estadounidenses han bombardeado Irán por sexta noche consecutiva, según fuentes de defensa consultadas. Los ataques se produjeron durante la noche del jueves al viernes, en el día 140 del conflicto, y habrían alcanzado por primera vez objetivos de infraestructura, según reportes que circulan en círculos oficiales.
La escalada supone un salto cualitativo en la campaña militar de Washington contra el régimen iraní, que hasta ahora se había centrado en instalaciones militares, de misiles y de drones. La inclusión de infraestructuras civiles estratégicas amplía el alcance del conflicto y eleva el riesgo de una represalia iraní contra objetivos vulnerables en la región, incluidos intereses estadounidenses y aliados en Oriente Próximo.
El dato de los seis días consecutivos de bombardeos refleja la intensidad sostenida de la operación, que según analistas militares responde a la estrategia de presión máxima que la Casa Blanca mantiene sobre Teherán desde el inicio de la guerra. Fuentes del Pentágono habrían confirmado la continuidad de los bombardeos sin precisar detalles sobre los blancos exactos de esta última oleada.
La guerra entre Estados Unidos e Irán, que comenzó el pasado 28 de febrero de 2026, ha generado un fuerte impacto en los mercados energéticos globales y ha reconfigurado el equilibrio de poder en Oriente Próximo. La ampliación de los objetivos a infraestructuras sugiere que Washington busca debilitar la capacidad económica y logística de Irán a largo plazo, más allá de la destrucción de su arsenal militar.
Hasta el momento, el Gobierno iraní no ha emitido una declaración oficial sobre los últimos ataques, aunque medios locales han informado de cortes de electricidad y explosiones en varias provincias. La comunidad internacional observa con inquietud el riesgo de que el conflicto se desborde hacia una guerra regional abierta.




