La Administración de Servicios Generales de Estados Unidos (GSA), la agencia encargada de la gestión de edificios y suministros federales, ha anunciado un plan para automatizar un millón de horas de trabajo al año mediante inteligencia artificial, según informó en abril. La medida llega después de que la agencia redujera su plantilla en casi un 40% desde octubre de 2025, en el marco de una profunda reestructuración del sector público estadounidense.
Reducción de personal y eficiencia automatizada
La GSA, que gestiona propiedades federales, contrataciones y tecnología para el Gobierno, ha visto cómo su fuerza laboral se contraía de forma drástica en los últimos meses. El recorte del 40% —equivalente a miles de puestos— se ha ejecutado sin que se hayan detallado públicamente los criterios de selección ni el coste en indemnizaciones. La agencia argumenta que la automatización permitirá mantener o incluso mejorar el nivel de servicio con menos empleados.
El plan de automatización abarca tareas administrativas rutinarias, procesamiento de datos, gestión de inventarios y atención al ciudadano. Aunque la GSA no ha especificado qué herramientas de inteligencia artificial empleará, el anuncio se alinea con la tendencia global de los gobiernos a digitalizar procesos para recortar gastos y reducir la burocracia.
El legado de DOGE y la reforma del Estado
La iniciativa de la GSA guarda relación con la Oficina de Eficiencia Gubernamental (Department of Government Efficiency, DOGE), un organismo creado bajo la administración Trump y liderado inicialmente por Elon Musk. Aunque DOGE ha perdido protagonismo formal como entidad independiente, su enfoque de adelgazamiento del Estado y adopción de tecnología se ha infiltrado en las agencias federales. La GSA, de hecho, ha incorporado personal procedente de aquella oficina para diseñar su estrategia de automatización.
El movimiento hacia la automatización masiva no es exclusivo de EE.UU. Países como China, Japón o Estonia llevan años aplicando inteligencia artificial a la gestión pública. Sin embargo, la escala del recorte de personal en la GSA —una de las agencias más grandes del Gobierno federal— y la ambición de automatizar un millón de horas anuales sitúan a Washington en la vanguardia de esta transformación, con implicaciones para el empleo público y la calidad de los servicios.




