El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó este lunes que sus fuerzas atacaron objetivos en territorio iraní como represalia por el derribo de un helicóptero militar Apache estadounidense en el estrecho de Ormuz. El ataque, ejecutado el 10 de junio de 2026, supone un nuevo golpe a la frágil tregua alcanzada el pasado 8 de abril entre Washington y Teherán, y eleva la tensión en una región clave para el tránsito de petróleo a nivel global.
La respuesta proporcional que quiebra el alto el fuego
Según CENTCOM, la ofensiva se enmarca en una “respuesta proporcional” a la agresión iraní contra un helicóptero militar estadounidense, cuya autoría Teherán no ha reivindicado oficialmente. Irán no ha confirmado su responsabilidad en el derribo, pero Washington asegura que la acción bélica es una legítima defensa. Desde la tregua de abril, ambos bandos han registrado incidentes que califican de forma recurrente como actos de autodefensa, erosionando el alto el fuego.
El Comando Central de EE. UU. aseguró que el Ejército estadounidense atacó territorio iraní en respuesta al derribo.
El ataque se produce en un contexto diplomático delicado: el presidente republicano Donald Trump afirma que un acuerdo de paz con Irán está “cerca de firmarse”, y la escalada militar pone en cuestión la viabilidad de las negociaciones. Además, el conflicto estalla a las puertas del Mundial de Fútbol, donde EE. UU. figura como país anfitrión.
Implicaciones para la seguridad energética global
El estrecho de Ormuz es un paso estratégico por el que transita aproximadamente el 20% del crudo mundial. Cualquier interrupción del tráfico marítimo en la zona afecta directamente a la seguridad energética de la Unión Europea y de España, país altamente dependiente de las importaciones de petróleo. La escalada militar abre un escenario de incertidumbre para la OTAN, donde España debe posicionarse ante un posible agravamiento del conflicto.




