La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha adjudicado contratos a General Atomics y Anduril para la construcción de los primeros aviones de combate no tripulados del programa Collaborative Combat Aircraft (CCA), según anunció el departamento el 17 de junio de 2026. Además, se ha encargado a Anduril, Shield AI y Collins Aerospace el desarrollo del sistema de autonomía que permitirá a estos drones operar como acompañantes de los cazas tripulados.

Un hito en la autonomía militar

El programa CCA, enmarcado en la estrategia de dominio aéreo de la Fuerza Aérea, busca dotar a los cazas de cuarta y quinta generación de escoltas no tripuladas capaces de realizar misiones de reconocimiento, ataque y guerra electrónica. Los denominados wingmen (compañeros de ala) operarán de forma colaborativa con pilotos humanos, multiplicando la capacidad de combate y reduciendo el riesgo para las tripulaciones en entornos de alta amenaza.

La selección de los contratistas supone un paso adelante en la materialización del concepto de aviación de combate autónoma, que la Fuerza Aérea lleva madurando desde principios de la década. General Atomics, conocida por el dron Predator y el Reaper, y Anduril, firma emergente especializada en inteligencia artificial y defensa, competirán en la fase de diseño y prototipado. Por su parte, el sistema de autonomía —el cerebro del dron— será desarrollado por Anduril, Shield AI y Collins, que deberán garantizar la integración segura con los sistemas de misión de los cazas tripulados.

Implicaciones estratégicas

El programa CCA se inscribe en la carrera global por la autonomía en el ámbito militar, donde potencias como China y Rusia también avanzan en plataformas no tripuladas. Para Estados Unidos, contar con una flota de drones wingmen operativos a finales de la década es una prioridad en el contexto de la competencia estratégica con Pekín. Según fuentes del Pentágono citadas por la prensa especializada, el objetivo es que los primeros aparatos estén listos para pruebas operativas avanzadas en 2028.

La adjudicación también refleja el cambio en la base industrial de defensa estadounidense: junto a los grandes contratistas tradicionales como General Atomics, empresas más jóvenes como Anduril, fundada por Palmer Luckey, están ganando peso en programas clave del Pentágono. El desarrollo de estos drones no solo ampliará las capacidades de la Fuerza Aérea, sino que definirá el futuro del combate aéreo, donde la interacción entre humanos y máquinas será la norma.