Una nueva variante del virus Ébola, para la que no existe vacuna ni tratamiento disponible, ha sido detectada en el este de la República Democrática del Congo, según confirmaron este martes las autoridades sanitarias regionales. El hallazgo ha puesto en alerta a los países vecinos y ha reavivado las críticas por la reducción de la ayuda internacional a la vigilancia sanitaria en África.
Un virus desconocido y sin respuesta
La cepa, identificada por primera vez en muestras tomadas en la provincia de Kivu del Norte, presenta mutaciones que la diferencian de las variantes conocidas del ébola. Los laboratorios de referencia no disponen de una vacuna específica ni de un tratamiento antiviral probado contra esta nueva forma del virus, lo que complica gravemente las tareas de contención.
El director de Africa CDC, Jean Kesaya, ha denunciado en una entrevista al diario Le Monde que la propagación del virus durante varias semanas sin ser detectado se debe, en parte, a la decisión de los países occidentales de reducir su ayuda a los sistemas de vigilancia sanitaria en el continente. «Ébola no respeta las fronteras», advirtió Kesaya, subrayando el riesgo de que la epidemia se extienda a países vecinos como Ruanda y Uganda.
Las consecuencias de la reducción de ayuda
Según Africa CDC, el debilitamiento de la cadena de vigilancia epidemiológica ha sido especialmente acusado en las zonas rurales del este de la RDC, donde la inseguridad y la falta de infraestructuras dificultan el seguimiento de brotes. La organización sanitaria de la Unión Africana ha instado a la comunidad internacional a restablecer los fondos y a movilizar recursos para desarrollar una vacuna contra la nueva cepa.
La decisión de los occidentales de reducir su ayuda ha contribuido al debilitamiento de la cadena de vigilancia sanitaria, lo que ha retrasado la respuesta a esta epidemia.
Por el momento, las autoridades congoleñas han activado los protocolos de emergencia y han solicitado el envío de equipos de apoyo internacional. Los primeros casos se habrían registrado hace al menos seis semanas, según fuentes sanitarias locales, lo que sugiere que el virus ha circulado sin ser detectado durante más de un mes.
El brote supone un nuevo desafío para la RDC, que ya ha sufrido varias epidemias de ébola en la última década, incluida la de 2018-2020 en la misma región. La comunidad científica sigue analizando las características de la nueva cepa para determinar su letalidad y su capacidad de transmisión.




