La República Democrática del Congo (RDC) enfrenta un rebrote del virus del Ébola que ha causado más de 200 fallecimientos probables, según informó este jueves el Ministerio de Sanidad congoleño. La saturación del sistema hospitalario, la ausencia de una vacuna efectiva y los conflictos armados en el este del país agravan la crisis sanitaria, que se extiende hacia las fronteras con Uganda, Ruanda y Sudán del Sur.

Una crisis sanitaria sin control

El brote, detectado inicialmente en la provincia de Kivu del Norte, ha desbordado los centros de salud locales. La OMS ha alertado de que la capacidad de respuesta se ve limitada por la inseguridad en la zona, donde operan grupos armados que dificultan el acceso de los equipos sanitarios. Hasta el momento, no existe una vacuna autorizada para la cepa actual, lo que eleva la tasa de letalidad por encima del 50%.

Los hospitales de campaña instalados por Médicos Sin Fronteras y la Cruz Roja Internacional registran una ocupación del 90%, según fuentes de la organización. El Gobierno congoleño ha solicitado ayuda internacional urgente, mientras la OMS moviliza equipos de emergencia.

Es la peor epidemia de Ébola desde la de 2018-2020, que dejó más de 2.200 muertos. La falta de una vacuna eficaz nos sitúa ante un escenario muy preocupante, declaró un portavoz de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra.

Riesgo de propagación regional

Los países limítrofes han reforzado los controles fronterizos. Uganda ha cerrado varios pasos con la RDC y ha habilitado centros de aislamiento en los distritos de Kasese y Bundibugyo. Ruanda, por su parte, ha desplegado equipos de vigilancia epidemiológica en la frontera norte. La OMS ha calificado el riesgo de propagación regional como “alto”, y ha instado a los países vecinos a activar sus planes de contingencia.

La epidemia llega en un contexto de debilidad institucional en la RDC, donde las elecciones previstas para 2026 han generado tensiones políticas que desvían recursos de la emergencia sanitaria. La comunidad internacional sigue de cerca la evolución, mientras España mantiene su compromiso con los programas de cooperación en salud en la región, aunque sin intervención directa en el terreno.