La República Democrática del Congo (RDC) afronta un nuevo brote de ébola en la provincia de Ituri, epicentro de una propagación que las autoridades sanitarias han calificado de «fuera de lo normal» por su rapidez. La escalada de la enfermedad ha llevado a Uganda a cerrar temporalmente sus fronteras con el país vecino, según confirmaron fuentes oficiales este miércoles 27 de mayo.

El paso fronterizo permanecerá abierto solo para los equipos de lucha contra la enfermedad, la ayuda humanitaria, el transporte de alimentos o mercancías y algunos miembros de las fuerzas de seguridad, bajo estrictas condiciones. La medida responde al temor de que el virus se extienda al territorio ugandés, donde ya se han registrado casos esporádicos en el pasado.

La guerra, un obstáculo para la contención

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió de una «colisión catastrófica» entre el ébola y el conflicto armado que asola el este de la RDC. Los grupos armados que operan en la región dificultan el acceso de los trabajadores sanitarios a las zonas afectadas, lo que complica la vigilancia epidemiológica y la vacunación.

Esta epidemia está fuera de lo normal. La progresión es fulgurante y el contexto de inseguridad lo hace todo más difícil.

En Ituri, la población oscila entre el miedo y la negación, mientras los cadáveres se acumulan y el sistema sanitario, ya debilitado por décadas de conflicto, lucha por contener la emergencia. La OMS ha desplegado equipos de emergencia, pero advierte de que sin un alto el fuego local la epidemia podría descontrolarse.

El brote actual se suma a una larga lista de crisis sanitarias en la región, donde el ébola ha causado más de 2.000 muertes desde 2018. La comunidad internacional ha instado a las partes en conflicto a permitir el acceso humanitario sin restricciones.