El acuerdo anunciado este 15 de junio entre Estados Unidos e Irán, que incluye un alto el fuego israelí en Líbano, ha sido recibido con escepticismo en Beirut. A pesar del memorando firmado en Suiza, los sobrevuelos de drones continúan sobre la capital libanesa, y las autoridades israelíes han reiterado que no se retirarán del terreno en el sur de Líbano, lo que prolonga la incertidumbre entre los desplazados por la guerra.

Un acuerdo con sombras

El memorando de entendimiento entre Washington y Teherán contempla una reducción de las hostilidades israelíes contra objetivos de Hezbolá en territorio libanés. Sin embargo, la promesa israelí de no ceder posiciones militares en el sur del país deja en el aire la efectividad del pacto. Según fuentes israelíes, la ocupación del terreno se mantendrá hasta que se garanticen las condiciones de seguridad que exige el Gobierno de Netanyahu.

Los habitantes del sur de Líbano, muchos de ellos desplazados por los continuos bombardeos, observan con cautela el acuerdo. «No sabemos si podremos regresar a nuestras casas», declaró un residente de la zona fronteriza. «Israel dice que no se va, así que la guerra no ha terminado», añadió.

Equilibrio regional en juego

El acuerdo EE. UU.-Irán representa un intento de Washington por reducir la tensión en Oriente Medio, región estratégica para España por su participación en la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (FINUL). La continuidad de la presencia israelí en suelo libanés, en contra de lo pactado, podría reactivar las hostilidades y complicar la misión de los cascos azules, entre los que hay efectivos españoles.

El Gobierno libanés, por su parte, ha expresado su deseo de que el acuerdo se cumpla en su totalidad, aunque fuentes diplomáticas consultadas reconocen que «la voluntad israelí de no retirarse es un obstáculo mayúsculo». La comunidad internacional sigue de cerca los acontecimientos, mientras los drones israelíes continúan sobrevolando Beirut como recordatorio de que la paz sigue siendo frágil.