Dos startups estadounidenses han anunciado este miércoles su entrada en la carrera por los centros de datos en órbita, un sector emergente que promete reducir la latencia y procesar cargas de trabajo de inteligencia artificial directamente desde el espacio. Symphony Space ha presentado su satélite Adagio-XL ODC, mientras que Orbital ha cerrado una ronda de financiación pre-semilla de 5 millones de dólares para desplegar una constelación de más de 100.000 centros de datos orbitales.
Dos modelos para un mismo objetivo
Orbital, con sede en Los Ángeles, planea lanzar una demostración en órbita el próximo año. Su concepto se basa en una red de satélites de tamaño relativamente pequeño que, trabajando conjuntamente, pueden gestionar grandes cargas de inferencia de IA y mantener comunicación constante con tierra. La compañía aspira a construir una constelación masiva de más de 100.000 unidades, según comunicó la empresa el 10 de junio.
Por su parte, Symphony Space ha desvelado el satélite Adagio-XL, aunque no ha revelado detalles técnicos ni fechas de lanzamiento. Ambas compañías buscan satisfacer la creciente demanda de procesamiento de datos soberanos en el espacio, tanto para clientes gubernamentales de defensa como comerciales, interesados en reducir la latencia que sufren las comunicaciones por satélite tradicionales.
Un mercado estratégico con implicaciones militares
La computación en órbita permite procesar datos cerca de donde se generan (satélites de observación, sensores militares) sin necesidad de enviarlos a tierra, lo que acelera las respuestas y mejora la seguridad. El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha mostrado interés en estas capacidades para aplicaciones de vigilancia y comando y control. La financiación de Orbital asciende a 5 millones de dólares en una ronda pre-semilla, una cantidad modesta para el sector espacial, pero suficiente para la fase de demostración técnica, según fuentes de la compañía.
El anuncio de ambas startups llega en un momento en que la infraestructura de IA demanda cada vez más potencia de cálculo distribuida. La posibilidad de procesar datos clasificados directamente en órbita, sin pasar por servidores en territorio extranjero, convierte a estos centros de datos orbitales en una herramienta atractiva para gobiernos que buscan soberanía digital. Sin embargo, el despliegue de decenas de miles de satélites plantea retos regulatorios y de gestión del tráfico espacial que aún no están resueltos.




