La visita del presidente estadounidense Donald Trump a China para reunirse con el mandatario Xi Jinping ha desatado críticas en el Partido Demócrata, cuyos dirigentes acusan al republicano de adoptar una postura débil ante Pekín. «Quiere ese acuerdo tanto que casi puede saborearlo. Está a punto de regalar la granja», advirtió esta semana la senadora Elissa Slotkin (Demócrata por Míchigan) en un acto en Washington. La senadora Chris Coons (Demócrata por Delaware) añadió que Trump debería «recordar quién es Xi Jinping» antes de firmar cualquier acuerdo, según declaraciones recogidas por la prensa estadounidense.

Sin embargo, la unidad demócrata frente a la política de Trump hacia China contrasta con las crecientes divisiones internas sobre el respaldo a Israel. Wendy Sherman, que fue subsecretaria de Estado durante la administración Biden, declaró a finales de abril que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu «ha llevado» a Estados Unidos por la senda del «genocidio» en Gaza. Sherman es la exfuncionaria de más alto rango de la era Biden en emplear ese término públicamente, aunque matizó que no tiene la calificación para determinar si la destrucción de Gaza constituye un genocidio como cuestión legal.

«El apoyo bipartidista a Israel se está erosionando», afirmó Sherman, que se definió como una «firme partidaria» del Estado hebreo. La declaración refleja, según analistas demócratas, la tensión creciente entre la base progresista del partido, cada vez más crítica con la ofensiva israelí, y la cúpula parlamentaria, que aún no ha roto del todo con la tradicional postura proisraelí. Esta doble dinámica —endurecimiento frente a China y división sobre Israel— expone las contradicciones internas en la política exterior demócrata mientras Trump intensifica su agenda diplomática con Pekín.