Legisladores demócratas en Estados Unidos han advertido de que el despliegue del sistema de defensa antimisiles Golden Dome podría intensificar la carrera armamentística nuclear en lugar de proteger al país. La advertencia, realizada el 20 de mayo de 2026, sostiene que el escudo antimisiles, diseñado para interceptar proyectiles enemigos, podría ser interpretado por otras potencias nucleares como una amenaza estratégica que desencadene una nueva espiral armamentística.
El Golden Dome, impulsado por la administración Trump, pretende construir una barrera defensiva contra misiles balísticos intercontinentales. Sin embargo, los críticos señalan que los sistemas de defensa antimisiles pueden tener un efecto desestabilizador: al reducir la efectividad del arsenal ofensivo de un rival, este podría verse incentivado a aumentar su número de ojivas o a desarrollar medios para saturar o burlar la defensa, acelerando así la competición nuclear.
El debate sobre la estabilidad estratégica
La advertencia demócrata se enmarca en el debate histórico sobre la estabilidad estratégica durante la Guerra Fría. El Tratado ABM de 1972 limitaba los sistemas de defensa antimisiles precisamente por el temor a que provocaran una carrera armamentística. Con la retirada de EE.UU. de ese tratado en 2002 y el desarrollo de nuevos sistemas, el riesgo de una nueva espiral se ha reactivado.
Según los legisladores demócratas, «el Golden Dome no solo no protegerá a Estados Unidos, sino que podría provocar que Rusia y China aumenten sus arsenales nucleares y desplieguen contramedidas, haciendo al país menos seguro». El coste del programa se estima en más de 1,2 billones de dólares en 20 años —unos 1,1 billones de euros—, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.




