La empresa estadounidense Cerebras Systems, especializada en chips para inteligencia artificial, ha completado la mayor oferta pública inicial (OPI) del sector tecnológico en 2026, con una valuación de 60.000 millones de dólares (unos 55.000 millones de euros). Sin embargo, años atrás la compañía estuvo al borde de la quiebra, quemando ocho millones de dólares al mes mientras desarrollaba un procesador que muchos consideraban imposible.

Según ha trascendido en el folleto de la OPI y han confirmado fuentes cercanas a la empresa, en sus primeros años de vida Cerebras gastó cientos de millones de dólares en un chip de dimensiones descomunales —del tamaño de una oblea completa— diseñado para acelerar el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. Los inversores dudaban de que el proyecto fuera viable técnicamente y de que la compañía pudiera sobrevivir hasta lograr ingresos significativos.

De la quema de efectivo al éxito bursátil

El punto de inflexión llegó cuando Cerebras comenzó a firmar contratos con grandes centros de datos y gobiernos interesados en capacidad de cómputo para IA. En 2025, la empresa registró sus primeros beneficios netos, allanando el camino para la salida a bolsa. La OPI, realizada el pasado 15 de mayo en el Nasdaq, captó 4.500 millones de dólares (unos 4.100 millones de euros), según datos de Bloomberg.

Construir un chip que nadie creía posible y que además tuviera demanda comercial fue una apuesta que casi nos cuesta la empresa, pero la perseverancia dio sus frutos, declaró el consejero delegado en una entrevista posterior a la cotización.

El éxito de Cerebras contrasta con las dificultades de otros fabricantes de chips para IA, que no han logrado rentabilizar sus desarrollos. Analistas del sector señalan que la apuesta de Cerebras por un chip de gran tamaño —frente a los pequeños procesadores interconectados que utiliza Nvidia— le ha permitido ofrecer ventajas en determinadas cargas de trabajo de entrenamiento de modelos masivos.

La compañía, con sede en Sunnyvale (California), prevé destinar los fondos de la OPI a ampliar su capacidad de fabricación y a financiar la próxima generación de su procesador. Aunque el camino hasta la OPI fue tortuoso, la empresa ha demostrado que, en el competitivo mercado de la inteligencia artificial, las apuestas técnicas arriesgadas pueden convertirse en éxitos multimillonarios.