La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) ha confirmado este lunes 6 de julio un nuevo colapso total de la red eléctrica nacional, el tercero que sufre la isla en lo que va de año. El apagón generalizado se produce en un contexto de crisis energética que las autoridades atribuyen a la imposibilidad de adquirir combustibles en el mercado internacional debido a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, que dificultan la compra de petróleo y sus derivados a la isla.

El colapso deja a la mayor parte de los 11 millones de cubanos sin suministro eléctrico durante un período aún no precisado por la UNE. En los anteriores apagones generales de 2026 —el primero en enero y el segundo en marzo— la restauración del servicio llevó entre 24 y 48 horas, y afectó a infraestructuras críticas como hospitales, pozos de agua y plantas de bombeo.

La empresa estatal, única encargada de la generación, transmisión y distribución eléctrica en el país, no ha detallado por ahora las causas técnicas inmediatas del nuevo fallo ni ha ofrecido un calendario estimado de restablecimiento. Tradicionalmente, el sistema cubano opera al límite de su capacidad, con un parque de generación envejecido y dependiente de combustible importado que, según analistas, se ha visto reducido por el endurecimiento del embargo estadounidense y la menor ayuda de socios como Rusia o Venezuela.

Las autoridades cubanas suelen calificar estos cortes de la red nacional como consecuencias del bloqueo impuesto por Washington, que desde hace décadas limita la llegada de barcos, transacciones financieras y contratos que involucren a compañías estadounidenses o subsidiarias en terceros países. La administración de Donald Trump ha mantenido una postura de máxima presión comercial y diplomática sobre La Habana, restringiendo aún más las operaciones de empresas navieras y aseguradoras que pudieran facilitar la llegada de combustible a la isla.