Miles de cubanos se manifestaron el viernes 22 de mayo frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, en una muestra de respaldo al presidente Miguel Díaz-Canel, después de que el Departamento de Justicia estadounidense lo imputara formalmente. La concentración, convocada por el Gobierno cubano, tuvo como lema central «Nadie lo va a secuestrar», en alusión a la acusación que Washington presentó contra el mandatario.
La imputación, realizada el jueves 21 de mayo, acusa a Díaz-Canel de estar vinculado con el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996, un suceso que dejó cuatro muertos. El Gobierno de La Habana ha calificado la medida de «injerencista» y la ha vinculado con la política de presión de la administración estadounidense hacia la isla.
Apoyo gubernamental y regional
La movilización, que reunió a varias decenas de miles de personas según fuentes oficiales, recorrió el Malecón habanero hasta la sede diplomática estadounidense. Los manifestantes portaban banderas cubanas y pancartas exigiendo el fin del bloqueo. El presidente del Parlamento cubano, Esteban Lazo, arengó a la multitud desde la tributa:
No aceptamos lecciones de ningún imperio. Cuba no se doblega ante amenazas externas.
En el ámbito regional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, rechazó la imputación y la calificó de «visión injerencista histórica de Estados Unidos hacia otros países». La reacción de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) también se sumó al rechazo, emitiendo un comunicado en el que expresa solidaridad con el Gobierno cubano.
La tensión diplomática entre Washington y La Habana se recrudece en un contexto de endurecimiento de las sanciones estadounidenses, que incluyen la reactivación del embargo y la persecución financiera al régimen cubano. La imputación de Díaz-Canel, un gesto inédito contra un jefe de Estado en ejercicio, podría tener repercusiones en la cumbre iberoamericana prevista para noviembre, donde España mantiene una postura de diálogo con Cuba.




