El Gobierno cubano ha declarado que las reservas de petróleo del país se han agotado, lo que pone en jaque la operación de la red eléctrica nacional. El anuncio, realizado el 15 de mayo de 2026, supone la constatación de una crisis energética que llevaba meses gestándose y que amenaza con paralizar la actividad económica y los servicios básicos en la isla.

Una red eléctrica al límite

El petróleo es el combustible principal para las centrales térmicas que generan la mayor parte de la electricidad en Cuba. Sin suministro, las centrales eléctricas del país se enfrentan a un cierre inminente, según fuentes del Ministerio de Energía y Minas consultadas por la prensa local. El apagón generalizado es un escenario que las autoridades no descartan si no se consiguen nuevas entregas en los próximos días.

Cuba dice que se ha quedado sin petróleo. Ahora la pregunta es qué viene después, cuando el suministro de crudo, clave para mantener la red eléctrica en funcionamiento, se ha agotado.

La crisis se produce en un contexto de sanciones internacionales y dificultades logísticas que han reducido drásticamente las importaciones de crudo. Cuba, que depende casi por completo de la importación de combustibles, ha visto cómo sus principales proveedores reducían los envíos en los últimos meses. Venezuela, otrora su principal aliado energético, atraviesa su propia crisis de producción, mientras que las sanciones de Estados Unidos dificultan la llegada de cargamentos de otros países.

Impacto en la población

La falta de electricidad afectaría directamente a más de 11 millones de cubanos, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Hospitales, sistemas de bombeo de agua y plantas de tratamiento de alimentos dependen de la red eléctrica. Organizaciones internacionales, como la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, han mostrado su preocupación por el impacto humanitario que podría derivarse de un colapso prolongado.

Mientras tanto, el Gobierno cubano busca soluciones de emergencia, incluyendo la renegociación de contratos de suministro y la posible activación de acuerdos con Rusia y China, aunque sin resultados concretos hasta el momento. La crisis energética cubana se suma a una larga lista de problemas estructurales que la isla arrastra desde hace décadas, agravados por el embargo estadounidense y la ineficiencia de su modelo económico.