Las recientes tensiones entre Estados Unidos y Cuba han agudizado una cuestión militar práctica: qué recursos podrían emplear las fuerzas armadas cubanas si la situación escalara a un conflicto abierto en el Caribe. La respuesta, según analistas consultados, apunta a un ejército anclado en la era soviética, con equipos obsoletos y sin capacidad de proyección frente a la superioridad estadounidense.
Un arsenal heredado de la Guerra Fría
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba se dotaron históricamente con material soviético, en especial durante las décadas de 1970 y 1980. Carros de combate T-62 y blindados BTR-60, junto con artillería remolcada de 122 mm, forman el núcleo de sus unidades acorazadas y mecanizadas. Sin embargo, la falta de repuestos y la imposibilidad de modernizar estos sistemas —debido al embargo y a la crisis económica— los han dejado en un estado de operatividad muy limitada, según estimaciones de fuentes abiertas de inteligencia.
La aviación cubana presenta un panorama similar. Sus cazas MiG-21 y MiG-23, que datan de los años 60 y 70, apenas cuentan con capacidad de combate más allá de misiones de patrulla simbólica. Los radares y sistemas de defensa aérea, como los SA-3 Goa, son vulnerables a las contramedidas electrónicas modernas. La marina, por su parte, opera principalmente patrulleras ligeras y corbetas de la clase Pauk, diseñadas para misiones costeras.
Es improbable que las FAR pudieran coordinar una defensa efectiva frente a un ataque aéreo o naval de EE.UU. La brecha tecnológica y logística es demasiado grande, afirma un informe de 2025 del Centro de Estudios Estratégicos del Caribe.
La doctrina de la guerra asimétrica como única baza
Conscientes de su inferioridad convencional, las FAR han cultivado una doctrina de guerra asimétrica centrada en la defensa territorial. El concepto de guerra de todo el pueblo —heredado del modelo vietnamita— prevé que las fuerzas regulares resistan el tiempo suficiente para que una insurgencia civil armada desgaste al invasor. En la práctica, esto se traduce en un despliegue de milicias y reservas que, según expertos militares, podrían complicar una ocupación terrestre, pero difícilmente impedirían un bloqueo o bombardeo preciso.
Las recientes maniobras conjuntas con Rusia y Venezuela —envío de buques de inteligencia, ejercicios con misiles— no han alterado el balance fundamental. El Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) mantiene un presupuesto reducido y prioriza la supervivencia del régimen frente a amenazas internas. En una crisis con EE.UU., las FAR solo pueden aspirar a una resistencia simbólica o a negociar una salida política desde una posición de debilidad.
La conclusión de los analistas es que, si las tensiones actuales se intensifican, Cuba carece de opciones militares viables más allá de la disuasión por desgaste o la búsqueda de mediación internacional. El ejército de la era soviética, sin modernización ni aliados regionales dispuestos a intervenir, es un factor decorativo en la geopolítica caribeña.




