Los servicios de inteligencia de Estados Unidos han detectado movimientos en la cadena de suministro que apuntan a una posible adquisición por parte de Cuba de drones merodeadores (loitering munitions) de origen ruso e iraní, según informes filtrados a la prensa estadounidense. La operación, aún no confirmada oficialmente, se enmarca en un aumento de la tensión estratégica en el Caribe y supondría un salto cualitativo en las capacidades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Según fuentes de inteligencia citadas por medios estadounidenses, los drones, como los modelos iraníes Shahed o los rusos Lancet, ofrecen capacidad de ataque de precisión a bajo costo y han sido utilizados extensamente en conflictos como el de Ucrania. Su incorporación permitiría a Cuba contrarrestar amenazas asimétricas en la región y modificar el equilibrio militar en una zona donde Washington ha ejercido históricamente un control casi absoluto.

Un giro en la defensa cubana

La posible adquisición representa un cambio significativo en la doctrina militar cubana, tradicionalmente centrada en fuerzas convencionales y guerra de guerrillas. Según los informes de inteligencia, las negociaciones se habrían acelerado en los últimos meses, coincidiendo con el endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra Cuba y el fortalecimiento de los lazos de La Habana con Moscú y Teherán.

La Armada de EE.UU. mantiene una presencia permanente en la región, con base en la Bahía de Guantánamo, lo que eleva la tensión potencial ante cualquier modificación del equilibrio militar en el Caribe.

El Gobierno cubano no ha emitido declaraciones oficiales sobre los informes. Por su parte, el Pentágono ha declinado comentar detalles de inteligencia, aunque fuentes del Departamento de Defensa señalaron que el seguimiento de estos sistemas se considera prioritario para la seguridad de las líneas marítimas y aéreas en la región.

Reacciones y contexto geopolítico

La posible venta se produce en un contexto de creciente cooperación entre Cuba, Rusia e Irán. Moscú ha incrementado su presencia naval en el Caribe, mientras que Teherán busca afianzar alianzas en América Latina. Analistas estadounidenses advierten de que la adquisición podría erosionar el dominio de EE.UU. en una región estratégica clave para la seguridad iberoamericana.