Los festejos por el triunfo de la selección mexicana en el Mundial se saldaron con cuatro muertos y decenas de heridos en la Ciudad de México, según informaron las autoridades locales. Durante la noche del 4 de julio, más de un millón de personas se concentraron en las calles de la capital para celebrar la victoria de México frente a Ecuador, pero el ambiente festivo derivó rápidamente en estampidas, aglomeraciones, riñas y actos vandálicos.

Las imágenes difundidas por medios locales muestran oleadas de gente empujando sin control en el Zócalo y las principales avenidas, mientras los servicios de emergencia intentaban atender a los heridos en medio del caos. Las autoridades no han precisado las causas exactas de los fallecimientos, aunque fuentes de la seguridad capitalina apuntan a aplastamientos y caídas durante las avalanchas humanas.

Un desafío logístico para la capital

El suceso ha reabierto el debate sobre la capacidad de la Ciudad de México para albergar eventos multitudinarios sin poner en riesgo a la población. «¿Cómo controlas a más de un millón de personas?», se preguntan los organizadores de los actos públicos. La pregunta retórica subraya las carencias en los protocolos de seguridad y gestión de masas en un país que aspira a ser sede de grandes competiciones internacionales.

«¿Cómo controlas a más de un millón de personas?»

La celebración descontrolada pone en evidencia la falta de previsión de las autoridades locales, que no habían dispuesto un plan de contingencia para un flujo tan masivo de asistentes. Vecinos de la zona céntrica denunciaron también robos y destrozos en mobiliario urbano durante los altercados, lo que añade un coste económico a la tragedia humana.

México había vivido con euforia el pase de su selección a la siguiente fase del Mundial, pero la noche del sábado deja un regusto amargo y preguntas incómodas sobre la preparación de la capital para grandes eventos. Las autoridades han anunciado que se investigarán los hechos para depurar responsabilidades, mientras los ciudadanos lamentan que la fiesta se haya convertido en una pesadilla.