Analistas rusos advierten de que la crisis del agua en Oriente Próximo podría tener consecuencias más graves que un shock petrolero, debido a la escala de la demanda y al bloqueo del Estrecho de Ormuz, una de las rutas estratégicas clave para el suministro energético y de recursos.

Un desafío logístico sin precedentes

Según Anastasiya Likhacheva, decana de la Escuela Superior de Economía de Moscú, la región no puede abastecerse de agua mediante buques cisterna desde el exterior. «La necesidad de agua de la región no puede ser suministrada externamente por petroleros, tanto por la escala involucrada como por el bloqueo del Estrecho de Ormuz», señaló la analista.

El estrecho, que conecta el golfo Pérsico con el mar de Omán, es una vía vital para el transporte de petróleo y gas, pero también para posibles envíos de agua desalada o potable. Su bloqueo, en un contexto de tensiones geopolíticas, agravaría la ya crítica escasez hídrica que sufren países como Irán, Irak, Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos.

Implicaciones geopolíticas de la crisis hídrica

El análisis procedente de Moscú subraya que, a diferencia del petróleo, el agua no tiene sustitutos viables a gran escala y su carencia afecta directamente a la seguridad alimentaria, la salud pública y la estabilidad social. La dependencia de la desalación, que requiere ingentes cantidades de energía, hace que la región sea especialmente vulnerable a cualquier interrupción del suministro energético o de las rutas marítimas.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz, escenario recurrente de tensiones entre Irán y las potencias occidentales, podría dejar a millones de personas sin acceso a agua potable. «La crisis del agua en Oriente Próximo podría superar en gravedad a cualquier shock petrolero», concluye el análisis, en un contexto donde el cambio climático y el crecimiento demográfico agravan la presión sobre los recursos hídricos.