Israel afronta un creciente aislamiento internacional mientras la guerra en Gaza sigue sin visos de solución. La comunidad internacional mantiene al país en el punto de mira por la ofensiva militar, y hasta su principal aliado estratégico, Estados Unidos, muestra signos de impaciencia. Según un análisis publicado en medios franceses, en Washington crece la irritación por la postura del Gobierno israelí, lo que podría redefinir el equilibrio de apoyos en la región. El análisis señala que «incluso Washington se irrita» —«même Washington s’irrite»—, reflejando un distanciamiento que no se había visto en décadas.
Desde el inicio de la operación en Gaza, Israel ha sido objeto de críticas en foros multilaterales y ha visto cómo varios países reducían su respaldo. Sin embargo, el factor más relevante es el cambio de tono en la Casa Blanca. Aunque la administración estadounidense sigue suministrando ayuda militar a Israel, las declaraciones públicas y los contactos privados revelan un creciente malestar. El análisis apunta que la relación entre Washington y Tel Aviv atraviesa un momento delicado, sobre todo por la denominación de «genocidio» que emplea la comunidad internacional para referirse a la ofensiva.
El aislamiento israelí se produce en un contexto en el que la comunidad internacional exige un alto el fuego inmediato y la apertura de corredores humanitarios. La semana pasada, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución no vinculante que condena las acciones militares en Gaza, con el voto en contra de Estados Unidos, pero con un número creciente de abstenciones y votos a favor. La presión sobre Tel Aviv se intensifica mientras la ofensiva continúa causando víctimas civiles.
Por el momento, el primer ministro israelí ha reiterado que no se detendrá hasta cumplir los objetivos militares marcados, lo que choca con las advertencias cada vez más explícitas de Washington. La relación especial entre ambos países, piedra angular de la política exterior israelí, atraviesa su momento más delicado desde la guerra de Yom Kipur. Los próximos movimientos diplomáticos serán clave para determinar si el vínculo se resquebraja o si se trata de una tormenta pasajera.




