El Gobierno de Corea del Sur ha dado a conocer su hoja de ruta para dotarse de submarinos de propulsión nuclear, un objetivo estratégico largamente perseguido por Seúl y que ahora cuenta con un calendario concreto. El ministro de Defensa surcoreano, Ahn Gyu-back, presentó a finales de mayo de 2026 el plan básico para el desarrollo de esta capacidad durante la reunión inaugural del Comité de Estrategia de Defensa Futura, presidido por el presidente Lee Jae-myung.
Una apuesta estratégica con riesgos
El plan, bautizado como Plan Básico para el Desarrollo de Submarinos de Propulsión Nuclear, contempla la construcción de estos buques como parte del esfuerzo por lograr una defensa autónoma y robusta. En su discurso de apertura, el presidente Lee subrayó el valor simbólico de esta capacidad y su papel en el fortalecimiento de la defensa de la República de Corea, según recogió el Ministerio de Defensa surcoreano.
Sin embargo, analistas y expertos en no proliferación advierten de que el programa puede desencadenar una carrera armamentística en el Indo-Pacífico y socavar el régimen de no proliferación nuclear. Corea del Sur ya posee una industria naval de primer nivel y un programa nuclear civil avanzado, por lo que la adquisición de submarinos nucleares la situaría entre un grupo reducido de países con esta capacidad.
El régimen de control de tecnología de submarinos nucleares, regulado por el Acuerdo de No Proliferación Nuclear (NPT) y el régimen del Grupo de Suministradores Nucleares, limita la transferencia de esta tecnología incluso a aliados. Washington ha mantenido una postura ambigua: mientras apoya la modernización militar de Seúl frente a Corea del Norte, ha mostrado reticencias a facilitar la cesión de reactores navales por temor a que siente un precedente en la región.
Reacciones en la región
El anuncio surcoreano ha suscitado inquietud en Pekín y Pyongyang. China ha expresado su preocupación por el impacto en la estabilidad regional, mientras que Corea del Norte lo ha calificado de provocación que justificaría un endurecimiento de su propio programa armamentístico. Japón, por su parte, sigue de cerca el desarrollo, aunque Tokio también ha explorado capacidades similares en el pasado.
Para muchos observadores, el programa representa una encrucijada estratégica: o bien Seúl logra sortear las restricciones internacionales con el visto bueno de Estados Unidos, o bien el plan fuerza un debate global sobre los límites del NPT y la proliferación de tecnología sensible en una de las regiones más volátiles del planeta.




