Cuando el economista Tyler Cowen era joven, el modelo surcoreano se clasificaba sin discusión junto al de Taiwán, Singapur y Hong Kong como un caso de crecimiento impulsado por las exportaciones. En un artículo publicado el 17 de mayo de 2026 en su blog Marginal REVOLUTION, Cowen recuerda que a principios de la década de 1970 Corea del Sur era aún más pobre que Corea del Norte y no existía consenso sobre que Asia Oriental superaría a América Latina.

El análisis revisita la trayectoria de Seúl para cuestionar las narrativas occidentales que reducen su éxito a simples distorsiones del mercado. La transformación surcoreana —de país receptor de ayuda internacional a potencia tecnológica y exportadora— se ha convertido en referencia obligada para los debates sobre política industrial y soberanía económica en economías en desarrollo.

Corea del Sur aplicó una estrategia de intervención estatal selectiva que combinaba protección arancelaria, crédito dirigido a chaebol (conglomerados como Samsung, Hyundai y LG) y una agresiva promoción de exportaciones. Este enfoque, lejos del laissez-faire recomendado entonces por las instituciones financieras internacionales, permitió al país escalar en la cadena de valor global en apenas tres décadas.

Según el artículo de Cowen, la experiencia surcoreana demuestra que el desarrollo industrial exitoso no depende únicamente de ventajas comparativas estáticas, sino de la capacidad del Estado para coordinar inversiones estratégicas. El caso cobra relevancia en un momento en que potencias como Estados Unidos y China redoblan sus propias políticas industriales.

La lección para las economías emergentes, sugiere Cowen, es que el modelo de crecimiento exportador surcoreano no puede replicarse sin instituciones sólidas, una burocracia competente y un tejido empresarial dispuesto a asumir riesgos a largo plazo. Factores que, concluye, explican por qué tantos intentos de emular a Seúl han fracasado.