A pocos días de las elecciones presidenciales en Colombia, el acceso a un sistema de salud digno se ha convertido en uno de los ejes centrales del debate electoral. En lugares como Tumaco, municipio del departamento de Nariño, en el occidente del país, la escasez de suministros y medicamentos evidencia las fallas estructurales del sistema sanitario colombiano.

La crisis de salud en Tumaco refleja una realidad que afecta a millones de colombianos en regiones apartadas de las grandes ciudades. La falta de personal médico, la precariedad de la infraestructura hospitalaria y las dificultades logísticas para abastecer de fármacos a la población son síntomas de un sistema que, según los críticos, no garantiza el derecho fundamental a la salud.

Se necesita un cambio para mejorar el acceso; es un derecho,

aseguró la doctora Claudia Guerrero, médica del hospital local de Tumaco, en declaraciones a la prensa colombiana. Sus palabras resumen el sentir de una comunidad que lleva años reclamando soluciones.

La crisis sanitaria no solo tiene un impacto social inmediato, sino que condiciona la estabilidad política y económica del país. Colombia, que mantiene estrechos vínculos comerciales y de cooperación con España —especialmente en sectores como las infraestructuras y la energía—, podría ver afectada la confianza de los inversores extranjeros si el sistema de salud no logra dar respuestas a la población.

El contexto electoral ha puesto el foco en las promesas de los candidatos para reformar un sistema que muchos consideran fallido. La atención se centra ahora en si el próximo Gobierno será capaz de abordar las deficiencias estructurales que este caso de Tumaco ha puesto de manifiesto.