Este 23 de mayo se cumplen cinco años de la detención forzada del periodista y opositor bielorruso Roman Protasevich, a quien el régimen de Alexander Lukashenko secuestró al obligar a un vuelo de Ryanair a aterrizar en Minsk. El episodio, ocurrido el 23 de mayo de 2021, desencadenó sanciones occidentales sin precedentes contra Bielorrusia y puso en entredicho la seguridad de la aviación civil frente a presiones estatales.
Protasevich, de entonces 26 años, viajaba de Atenas a Vilna cuando un caza bielorruso escoltó al avión hasta Minsk con la excusa de una falsa amenaza de bomba. Allí fue arrestado junto a su entonces pareja, la ciudadana rusa Sofía Sapega. El régimen acusó a Protasevich de organizar disturbios masivos y de incitar al odio, cargos que él ha negado y que ONG como Amnistía Internacional consideran motivados políticamente.
Secuelas judiciales y humanitarias
Tras permanecer más de un año en prisión preventiva, Protasevich fue condenado en 2023 a ocho años de cárcel por cargos de incitación al odio y desacato a las autoridades. Sin embargo, el pasado enero apareció en un videomensaje desde prisión afirmando que sigue recluido sin que se haya dictado sentencia firme, lo que ha generado confusión sobre su situación legal. Organizaciones de derechos humanos denuncian que su detención sigue sin ajustarse a los estándares internacionales.
La Unión Europea y Estados Unidos impusieron sanciones a Bielorrusia tras el incidente, incluyendo la prohibición de vuelos de aerolíneas bielorrusas en el espacio aéreo europeo, que aún permanecen vigentes.
Un precedente peligroso para la aviación civil
El desvío del vuelo FR4978 de Ryanair supuso un antes y un después en la seguridad aérea. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) calificó la acción como una violación del derecho internacional y abrió una investigación que concluyó que Bielorrusia había puesto en riesgo a los pasajeros. Aunque Minsk rechazó las conclusiones, el caso sigue siendo un referente en el debate sobre la instrumentalización política del transporte aéreo.
A día de hoy, la suerte de Protasevich se ha convertido en símbolo de la represión en Bielorrusia, donde Lukashenko mantiene un firme control tras las protestas masivas de 2020. La efeméride de su detención ha sido recordada este sábado con concentraciones frente a embajadas bielorrusas en varias capitales europeas, y la oposición exige su liberación inmediata.




