El régimen militar de Níger y la República Popular China han firmado este 19 de mayo de 2026 un nuevo acuerdo petrolero que pone fin a un año de tensiones bilaterales. El pacto, impulsado por la urgencia económica de Niamey, permitirá reanudar la producción y exportación de crudo, después de que el gobierno nigerino expulsara el año pasado a varios directivos chinos del sector energético.
Un giro pragmático ante la presión económica
La ruptura con Pekín se produjo en mayo de 2025, cuando las autoridades de transición de Níger acusaron a directivos chinos de irregularidades en la gestión de los yacimientos petroleros, lo que llevó a su expulsión. La decisión paralizó la producción y afectó a las exportaciones de crudo, una fuente clave de ingresos para el país africano. Ahora, según fuentes oficiales del Gobierno nigerino, ambas partes han acordado reanudar la cooperación en términos que permitan garantizar la «estabilidad energética» y el «flujo de ingresos fiscales».
Hemos alcanzado un entendimiento mutuo que beneficia a ambos países. China reafirma su compromiso con el desarrollo de Níger y la explotación responsable de sus recursos.
Este acuerdo supone un giro pragmático para Niamey, que tras el golpe de Estado de 2023 ha buscado diversificar sus aliados internacionales. La salida de las fuerzas francesas y el distanciamiento de Marruecos han llevado a la junta militar a replantear sus alianzas estratégicas, mientras el país necesita urgentemente ingresos para sostener su economía y su presupuesto militar.
Implicaciones geopolíticas en el Sahel
La reanudación de los acuerdos petroleros con China refuerza la presencia de Pekín en el Sahel, una región clave para la seguridad e intereses estratégicos de España, especialmente por la inestabilidad en la zona y los flujos migratorios. El nuevo pacto consolida la influencia china en una región donde Francia ha perdido peso tras su retirada militar de Níger en 2024, y donde Marruecos buscaba aumentar su presencia económica.
Analistas africanos consideran que el nuevo acuerdo demuestra la capacidad de China para mantener vínculos con regímenes militares africanos, priorizando el acceso a recursos energéticos. Para Níger, el pacto permite retomar las exportaciones de crudo, que según fuentes del Ministerio de Energía nigerino representan aproximadamente el 40% de los ingresos del Estado.
La reanudación de la producción podría tener un impacto en los mercados regionales de crudo, aunque Níger no figura entre los grandes productores africanos. No obstante, el acuerdo simboliza el reposicionamiento de Pekín en el Sahel en un momento en que la influencia occidental retrocede.




