El Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) entra en una nueva fase que va más allá de la infraestructura física. Durante casi una década, el CPEC se centró en hormigón, centrales eléctricas de carbón y la carretera del Karakórum. Ahora, la cooperación se orienta hacia el dominio digital, lo que, según analistas, refuerza la influencia china en la economía y la sociedad pakistaní.
De la infraestructura física al control digital
El CPEC 2.0 representa un salto cualitativo: Pekín busca integrar a Pakistán en su ecosistema tecnológico, desde redes 5G hasta sistemas de pago y vigilancia digital. Para China, este control digital es estratégico, ya que le permite asegurar su presencia en el sur de Asia y consolidar una ruta comercial clave hacia el océano Índico.
El nuevo enfoque implica la participación de empresas chinas como Huawei y ZTE en el despliegue de fibra óptica y centros de datos, así como en la modernización de la administración pública pakistaní. Según analistas pakistaníes, el gobierno de Islamabad ha respaldado estos proyectos como parte de su plan de transformación digital.
Riesgos de dependencia
Sin embargo, voces críticas en Pakistán advierten de que el CPEC 2.0 podría generar una dependencia tecnológica respecto a China. La falta de transferencia real de conocimiento, la opacidad de los contratos y el acceso de Pekín a datos sensibles de la población son algunos de los riesgos señalados. El gobierno de Shehbaz Sharif, por su parte, defiende que la asociación es beneficiosa para ambos países.
El giro digital del CPEC se produce en un contexto geopolítico donde China compite con Estados Unidos por la influencia tecnológica en Asia. Pekín ya ha firmado acuerdos similares con otros países de la región, como Camboya y Sri Lanka, lo que refuerza su estrategia de expansión digital global.




