China ha llevado a cabo este jueves 11 de junio dos lanzamientos espaciales con el objetivo de reforzar sus capacidades de comunicación tanto militares como comerciales. El cohete Long March 5, el mayor del arsenal chino, puso en órbita un satélite de carácter clasificado, mientras que el lanzador privado Zhuque-2E, operado por la empresa comercial LandSpace, desplegó varios satélites de prueba para comunicaciones directas a dispositivos (direct-to-device).

La doble operación, realizada desde centros de lanzamiento chinos no especificados, subraya la estrategia de Pekín de combinar su programa espacial militar con el creciente ecosistema de empresas espaciales comerciales, en paralelo a la competición estratégica con Estados Unidos. El Long March 5, capaz de situar grandes cargas en órbitas geoestacionarias o de alta inclinación, se emplea habitualmente para misiones prioritarias como la estación espacial Tiangong o sondas interplanetarias.

Comunicaciones directas a dispositivos

El vuelo del Zhuque-2E, un cohete de combustible metano-oxígeno líquido desarrollado por LandSpace, transportó satélites diseñados para probar la conectividad directa entre el espacio y teléfonos móviles convencionales. Esta tecnología, que permite eliminar la necesidad de antenas o terminales especializados, es considerada clave para ofrecer cobertura global de internet y telefonía en zonas sin infraestructura terrestre.

El avance de China en este ámbito se produce en un contexto de fuerte inversión pública y privada. Empresas como LandSpace, Galactic Energy o iSpace compiten por captar contratos gubernamentales y comerciales, mientras el régimen comunista busca reducir su dependencia tecnológica de Occidente y exportar servicios de comunicación a países del Sur Global.

Según fuentes de la agencia espacial china CNSA, los satélites lanzados este jueves iniciarán una fase de pruebas que se prolongará durante las próximas semanas. Ni el Ministerio de Defensa chino ni la CNSA han ofrecido detalles sobre el satélite clasificado, aunque analistas occidentales apuntan a que podría tratarse de un sistema de retransmisión de datos militares o de alerta temprana.

Con esta doble misión, China suma dos lanzamientos orbitales en una sola jornada, en un año en el que aspira a superar el centenar de despegues, consolidándose como una de las potencias espaciales más activas del planeta.