China ha anunciado una inversión de 2.000 millones de dólares para construir el primer centro textil regional de cero emisiones en Egipto, según informaron fuentes oficiales egipcias este viernes. El megaproyecto, presentado como un hito en la cooperación Sur-Sur, busca convertir al país norteafricano en una puerta de entrada manufacturera que conecte los mercados de África, Europa y Oriente Medio.

La iniciativa, que se enmarca en la estrategia de Pekín de expandir su influencia económica en el continente africano, contempla la creación de un polo industrial sostenible que integrará desde la producción de materias primas hasta la confección textil, todo ello con emisiones netas de carbono nulas. El proyecto utilizará fuentes de energía renovable, principalmente solar y eólica, y aplicará sistemas de reciclaje de agua y residuos.

El anuncio se produce en un contexto de creciente competencia global por el control de las cadenas de suministro. Egipto, con su ubicación estratégica junto al canal de Suez y acuerdos comerciales preferenciales con la Unión Europea y África, se ha convertido en un destino atractivo para la inversión extranjera en manufactura ligera. La inversión china refuerza el papel de El Cairo como hub regional, en línea con los planes de desarrollo Visión 2030 del Gobierno egipcio.

Según el Ministerio de Inversión de Egipto, el proyecto generará más de 150.000 empleos directos durante su construcción y una vez operativo a pleno rendimiento, previsto para 2030. Además, se espera que atraiga a proveedores y empresas auxiliares, creando un ecosistema industrial completo en la zona del canal de Suez.

La inversión china en el textil egipcio no es nueva: ya existen varias fábricas operadas por empresas chinas en la Zona Económica del Canal de Suez. Sin embargo, este nuevo hub supone un salto cualitativo al ser el primero en su tipo en la región con la etiqueta de cero emisiones. Pekín busca así proyectar una imagen de socio comprometido con la sostenibilidad, en contraste con las críticas occidentales a su historial ambiental.

Este movimiento también se interpreta como una respuesta a los esfuerzos de Estados Unidos y la Unión Europea por diversificar sus cadenas de suministro lejos de China, impulsando la producción en países como India, Vietnam o México. Con esta inversión, China asegura una plataforma de exportación hacia los mercados europeo y africano, evitando aranceles y cuotas.