El Ministerio de Relaciones Exteriores de China instó este miércoles a Japón a reflexionar profundamente sobre sus crímenes históricos y romper definitivamente con el militarismo, según una declaración diplomática difundida por la Cancillería china. La advertencia, en un contexto de creciente tensión regional, busca frenar lo que Pekín considera un giro militarista de Tokio, alineado con la estrategia de seguridad de Estados Unidos en Asia-Pacífico.
La declaración subraya que Japón «no ha asumido plenamente su responsabilidad por las agresiones cometidas durante la Segunda Guerra Mundial». Pekín reclama a su vecino que abandone cualquier tentación de revisionismo histórico y que adopte una política exterior acorde con los principios de paz y cooperación de la posguerra.
El mensaje se enmarca en la rivalidad estratégica entre ambos países, que se disputan la hegemonía en el este de Asia. Mientras Japón refuerza su alianza militar con Washington y amplía su capacidad de defensa, China responde con una presión diplomática que apela a la memoria histórica, en un intento de aislar a Tokio en los foros regionales.
El pasado colonial como herramienta geopolítica
La ocupación japonesa de parte de China entre 1931 y 1945 sigue siendo un tema sensible en las relaciones bilaterales. Para Pekín, recordar los crímenes de guerra nipones es una forma de deslegitimar las aspiraciones militares de Japón y de justificar su propia política de rearme y expansión de influencia. La declaración oficial china insta a Japón a reflexionar profundamente sobre sus crímenes históricos y romper definitivamente con el militarismo.
La tensión se ha visto agravada recientemente por las visitas de líderes japoneses al santuario de Yasukuni, considerado por China como un símbolo del pasado militarista. Pekín ha advertido que dichas acciones «dañan la confianza mutua y la estabilidad regional».
Japón, por su parte, ha rechazado las acusaciones y defiende su compromiso con el pacifismo, aunque ha aumentado el gasto militar hasta el 2% del PIB, en línea con los estándares de la OTAN. La disputa no solo es histórica, sino que refleja la pugna por el liderazgo en un Indo-Pacífico cada vez más polarizado.




