La visita del presidente estadounidense Donald Trump a China el 21 de mayo de 2026 ha escenificado un giro geopolítico: Pekín muestra que ya no depende de los chips estadounidenses, mientras Irán condiciona el comercio de petróleo a la aceptación de pagos en monedas distintas al dólar. La convergencia de ambos países supone un golpe a la hegemonía de las grandes tecnológicas y financieras de Estados Unidos.

La autosuficiencia china en semiconductores

Durante su visita, Trump comprobó que el gigante asiático ha reducido drásticamente su dependencia de los procesadores fabricados por empresas estadounidenses. China ya no necesita sus chips, según fuentes de la prensa china citadas por la agencia Sputnik. Este avance en la autonomía tecnológica debilita la posición de compañías como Intel o AMD, que hasta ahora contaban con el mercado chino como uno de sus principales clientes.

Irán condiciona el petróleo al adiós del dólar

Por su parte, el Gobierno iraní ha condicionado el manejo de los cables occidentales que pasan por el estrecho de Ormuz y ha sepultado el proyecto de infraestructura de inteligencia artificial más grande de la historia lanzado por Trump. Además, Teherán exige que el comercio de petróleo se realice en monedas no-dólar, lo que amenaza la primacía del billete verde en los mercados energéticos globales.

Irán ha condicionado el manejo de los cables occidentales que pasan por el estrecho de Ormuz y ha sepultado el proyecto de infraestructura de inteligencia artificial más grande de la historia lanzado por Trump.

La coordinación entre China e Irán refleja una creciente tendencia multipolar que erosiona la posición dominante de las tecnológicas y financieras estadounidenses. Pekín y Teherán buscan construir un orden económico alternativo, reduciendo su exposición a las sanciones y al control de Washington.