China se ha consolidado como el líder mundial en la construcción de grandes reactores nucleares, con un ritmo de expansión que supera con creces al de Estados Unidos y Europa. Según un análisis publicado el 11 de junio de 2026, el país asiático ha casi duplicado su flota nuclear desde 2016, alcanzando una capacidad total de generación de 60 gigavatios. Casi todas las nuevas instalaciones son reactores de agua a presión de escala gigavatio, una apuesta tecnológica que contrasta con la tendencia occidental hacia pequeños reactores modulares.
Una apuesta por la soberanía energética
La estrategia nuclear china responde a un objetivo de soberanía energética y tecnológica, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles importados. Pekín ha priorizado la construcción de grandes reactores de diseño nacional, como el Hualong Uno, que ya operan tanto en territorio chino como en el extranjero, con proyectos en Pakistán y Argentina. Este enfoque ha permitido a China estandarizar procesos, reducir costes y acortar plazos de construcción, mientras que en Occidente los proyectos nucleares sufren sobrecostes y retrasos crónicos.
El rápido despliegue chino también tiene implicaciones geopolíticas. China se posiciona como proveedor global de tecnología nuclear civil, compitiendo directamente con los diseños estadounidenses, franceses y rusos. La capacidad de Pekín para financiar y ejecutar proyectos a gran escala le otorga una ventaja en mercados emergentes, especialmente en Asia y África.
En contraste, Estados Unidos ha construido solo dos reactores en el mismo periodo, ambos con importantes demoras y sobrecostes. La industria nuclear europea, por su parte, se enfrenta al cierre programado de plantas en Alemania y Bélgica, mientras que Francia, pese a su fuerte apuesta nuclear, ha visto cómo varios proyectos sufren retrasos. La brecha entre China y el resto del mundo en capacidad de construcción nuclear es cada vez mayor.
Implicaciones climáticas y de seguridad
La expansión nuclear china contribuye significativamente a la reducción de emisiones de carbono, un factor clave en la lucha global contra el cambio climático. Según el análisis, la nueva capacidad nuclear evita la emisión de millones de toneladas de CO₂ al año. Sin embargo, también plantea desafíos de seguridad y no proliferación, dado el aumento de materiales fisionables en circulación.
A pesar de las críticas internacionales sobre la transparencia y los estándares de seguridad, Pekín defiende su historial como intachable. La apuesta china por los grandes reactores no muestra signos de desaceleración: el gobierno prevé alcanzar los 100 gigavatios de capacidad nuclear para 2030, lo que consolidaría a China como el mayor productor de energía nuclear del mundo, por delante de Estados Unidos y Francia.




