Empresas chinas están exportando sistemas de vigilancia avanzados —cámaras inteligentes, reconocimiento facial y centros de control basados en inteligencia artificial— a países africanos como Senegal y Costa de Marfil, según ha podido confirmar este periódico a partir de fuentes abiertas. El despliegue, que abarca ya varias capitales del continente, refuerza la influencia de Pekín en la región y ha despertado inquietud por la posible deriva hacia un control político de las poblaciones.
La presencia china en África no es nueva, pero la escala y sofisticación de las tecnologías transferidas marca un punto de inflexión. En Dakar, los sistemas de videovigilancia instalados por la empresa china Hikvision permiten el reconocimiento facial en tiempo real; en Abiyán, centros de datos gestionados por Huawei procesan terabytes de información ciudadana bajo el paraguas de la seguridad pública.
Implicaciones para la estabilidad regional
Este fenómeno afecta directamente la posición estratégica de Marruecos y, por extensión, de España en el Sahel y el Mediterráneo. La dependencia tecnológica generada por estos acuerdos puede condicionar la capacidad de los países africanos para mantener una política exterior equilibrada, al tiempo que ofrece a Pekín una vía privilegiada de acceso a información sensible en una zona clave para la seguridad europea.
Expertos consultados advierten de que el control de la vigilancia masiva puede emplearse para reprimir la disidencia política. Organizaciones de derechos humanos han denunciado que en varios países receptores ya se han registrado casos de uso de estas herramientas contra opositores y periodistas. Sin embargo, los gobiernos africanos defienden la cooperación como parte de su lucha contra el terrorismo y la delincuencia.
Un mercado en expansión
El mercado africano de vigilancia ha crecido un 15% anual en los últimos tres años, y China es el principal proveedor, por delante de empresas europeas y estadounidenses. El Banco Mundial estima que el gasto en seguridad digital en África subsahariana superará los 4.000 millones de dólares en 2027, una cifra que podría dispararse si se materializan los contratos ya negociados en Nigeria, Etiopía y Kenia.
La exportación de estas tecnologías se enmarca en la iniciativa china de la Franja y la Ruta, que combina inversión en infraestructuras físicas con digitales. Para Pekín, el control de los flujos de datos en África es tan estratégico como el acceso a sus recursos naturales. La pregunta que queda en el aire es si las sociedades africanas podrán aprovechar los beneficios de la seguridad sin sacrificar sus libertades civiles.




