Las últimas tensiones en el mar de China Meridional han reavivado viejas heridas en varios países del Sudeste Asiático, con epicentro cerca de Filipinas. Según informaron fuentes diplomáticas regionales, dos incidentes ocurridos entre finales de mayo y principios de junio han elevado la temperatura en una de las zonas más disputadas del planeta.

El primer hecho tuvo lugar cuando el Gobierno filipino denunció la aparición de varios objetos de gran tamaño en el Scarborough Shoal, un banco de arena situado a unos 220 kilómetros de la costa filipina y que Manila reclama como parte de su plataforma continental. Pekín, que también reivindica la soberanía del área, habría desplegado embarcaciones de vigilancia cerca del arrecife, según fuentes castrenses filipinas.

Reacciones en cadena en la región

Las ondas de choque de estas acciones no se han limitado a Filipinas. Vecinos como Vietnam, Malasia y Brunéi, que mantienen disputas similares con China en el mar del Sur, han expresado su preocupación a través de canales diplomáticos. El Ministerio de Exteriores vietnamita emitió un comunicado instando a «todas las partes a respetar el derecho internacional y la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS)».

El epicentro de las últimas tensiones en el Mar de China Meridional está cerca de Filipinas, pero las ondas de choque se han extendido por varios países.

Por su parte, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) ha convocado una reunión de urgencia para el 20 de junio, según confirmó un portavoz de la organización. El objetivo es abordar la escalada y buscar una posición común frente a lo que algunos miembros consideran una «intimidación unilateral» por parte de Pekín.

China, a través de su portavoz del Ministerio de Exteriores, defendió que sus acciones en la zona son «rutinarias y legítimas» y que no tienen como objetivo a ningún país. «China siempre ha abogado por la resolución pacífica de las disputas mediante el diálogo directo», declaró en una rueda de prensa el jueves.

Sin embargo, analistas regionales consideran que el momento elegido no es casual. La administración filipina del presidente Ferdinand Marcos Jr. ha buscado un mayor acercamiento a Estados Unidos, renovando acuerdos de defensa y permitiendo el acceso a nuevas bases militares. Pekín, según estos expertos, estaría enviando una señal de que no tolerará una presencia militar estadounidense creciente en su patio trasero.