Las empresas chinas de litio continúan ganando terreno en la cadena global de suministro del mineral crítico para baterías y vehículos eléctricos. Según un informe de la consultora Wood Mackenzie, Pekín podría controlar hasta el 39% de la producción mundial de litio para 2030, lo que refuerza su papel dominante en la transición energética y la competencia tecnológica con Occidente.

Expansión en mercados estratégicos

La proyección se sustenta en la creciente inversión de compañías chinas en proyectos de extracción y procesamiento de litio en América Latina, África y Australia. A través de adquisiciones y asociaciones estratégicas, el gigante asiático busca asegurar el suministro de un mineral considerado clave para la fabricación de baterías, elemento central en la electrificación del transporte y el almacenamiento de energía renovable.

El informe de Wood Mackenzie, publicado el 27 de mayo de 2026, subraya que China ya controla una parte significativa de la capacidad de refinado global de litio, pero la ambición ahora es extender ese dominio a la producción primaria. De cumplirse la previsión, el país podría condicionar los precios internacionales y la disponibilidad del recurso durante la próxima década.

Implicaciones geopolíticas

El avance chino en el litio se enmarca en la pugna global por los minerales críticos, donde Estados Unidos y la Unión Europea intentan reducir su dependencia de Pekín. Mientras Washington impulsa la minería nacional y acuerdos con socios como Australia y Chile, Bruselas ha incluido el litio en su lista de materias primas fundamentales y busca diversificar sus fuentes de abastecimiento.

Para 2030, Wood Mackenzie estima que la demanda global de litio se habrá multiplicado por varias veces respecto a los niveles actuales, impulsada por el auge de los vehículos eléctricos y los sistemas de almacenamiento estacionario. En ese contexto, el control chino del 39% de la producción no solo le otorgaría influencia económica, sino también una ventaja estratégica en la transición energética.