El 18 de mayo de 2026, Pekín conmemora el 125 aniversario de la intervención de las ocho potencias en la ciudad, un episodio de humillación imperial que contrasta con la posición actual de China como potencia global. El contraste es casi cinematográfico: en agosto de 1900, ocho banderas extranjeras ondearon sobre Pekín, pero hoy la ciudad acoge a líderes mundiales como el presidente estadounidense y el ruso en visitas sucesivas.

En 1900, una fuerza internacional de 51.755 soldados ocupó Pekín para sofocar la Rebelión Bóxer, imponiendo a China reparaciones de guerra y concesiones humillantes. La Ciudad Prohibida, entonces centro del poder imperial, fue testigo de la sumisión del Imperio Qing. «Nadie en la Ciudad Prohibida podría haber imaginado que la ciudad, 125 años después, sería anfitriona de jefes de Estado como invitados de honor», señala la prensa china, subrayando la magnitud del cambio geopolítico.

Una transformación sin precedentes

El aniversario sirve a Pekín para reivindicar el ascenso de China desde la debilidad a la indispensabilidad global. Desde la fundación de la República Popular en 1949, el país ha pasado de ser un territorio semicolonial a la segunda economía mundial y un actor clave en la gobernanza global. La prensa china destaca que el contraste entre el pasado y el presente refleja el éxito del modelo de desarrollo chino y su capacidad para superar una historia de adversidad.

La conmemoración coincide con la reciente cumbre del Foro de Cooperación China-Asia Central y la próxima visita del presidente ruso, Vladímir Putin, a Pekín, programada para la semana siguiente. Moscú y Pekín han estrechado su alianza estratégica en los últimos años, desafiando el orden unipolar liderado por Estados Unidos.

Analistas chinos sostienen que la transformación de China es un fenómeno histórico sin precedentes, que ha llevado al país de pagar indemnizaciones a dictar términos en la economía global. El mensaje es claro: la China de 2026 no es la China de 1900, y el mundo debe reconocerlo.