China está utilizando el desarrollo de su industria nuclear como una nueva herramienta de influencia geopolítica en el Sudeste Asiático, según analistas de la región. Países como Vietnam e Indonesia consideran cada vez más la energía nuclear como necesaria para sostener su crecimiento industrial, la infraestructura de inteligencia artificial y el aumento de la demanda eléctrica, al tiempo que reducen su dependencia del carbón.
Un cambio de percepción regional
La reconsideración nuclear en la región habría sido políticamente improbable hace solo unos años, pero el cambio climático y la necesidad de fuentes estables de energía han alterado el panorama. China ofrece financiación, construcción y tecnología nuclear a precios competitivos, creando una dependencia a largo plazo que desplaza a actores occidentales tradicionales. Según fuentes diplomáticas de la región, Pekín vincula estos acuerdos con otros aspectos de su relación bilateral, como el comercio y la inversión en infraestructuras.
El gigante asiático ya ha firmado memorandos de entendimiento con varios gobiernos del Sudeste Asiático para la construcción de reactores modulares pequeños (SMR) y plantas convencionales. “China ofrece paquetes llave en mano que incluyen financiación, construcción, combustible y gestión de residuos”, declaró un funcionario de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) bajo condición de anonimato. Esto contrasta con la oferta occidental, más fragmentada y sujeta a mayores requisitos de no proliferación y transparencia.
Implicaciones geopolíticas
La estrategia china refuerza su influencia en una región clave para la cadena de suministro global y la seguridad marítima. Expertos en energía señalan que Vietnam, que había abandonado planes nucleares en 2016 tras el accidente de Fukushima, ha retomado las conversaciones con Pekín para construir al menos dos reactores. Indonesia, por su parte, aspira a tener su primera planta nuclear operativa en la próxima década con apoyo chino.
Washington ha expresado su preocupación por la creciente dependencia energética de la región respecto a China, pero sus propias ofertas en materia nuclear civil son limitadas y más caras. Mientras tanto, Rusia y Corea del Sur también compiten por contratos en la zona, aunque China parte con ventaja gracias a su capacidad de financiación y a su agilidad diplomática.
El resultado, según analistas consultados, es un realineamiento energético en el Sudeste Asiático que consolida la influencia de Pekín y debilita la presencia de actores tradicionales, en un movimiento que forma parte de la estrategia más amplia de China para afianzar su liderazgo en la región y en el marco del BRICS+.




