El cierre del estrecho de Ormuz durante el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ha expuesto la vulnerabilidad energética de China, y ha llevado a Pekín a acelerar su transición hacia energías limpias y vehículos eléctricos, según informes de prensa y declaraciones oficiales recogidas este lunes.
La caída de las importaciones de crudo a mínimos de casi ocho años ha sido un revulsivo para el gigante asiático, que hasta ahora dependía en gran medida del petróleo que transita por esa ruta marítima estratégica. El estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente el 20% del crudo mundial, quedó bloqueado durante semanas por las hostilidades en la región, lo que disparó los precios del petróleo y afectó a las cadenas de suministro globales.
Impulso a las energías limpias
El Gobierno chino ha respondido con un paquete de medidas que refuerzan su apuesta por las energías renovables y la movilidad eléctrica. Fuentes del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información confirmaron que se han incrementado los subsidios para la compra de vehículos eléctricos y se ha adelantado el calendario para la instalación de infraestructura de recarga, como parte de un plan para reducir la dependencia del petróleo importado.
Analistas citados por medios estatales señalan que la crisis de Ormuz ha actuado como un catalizador para una transición que ya estaba en marcha, pero que ahora se acelera de forma significativa. La seguridad energética se ha convertido en una prioridad estratégica para Pekín, que busca diversificar sus fuentes de energía y reducir su exposición a posibles conflictos geopolíticos.
El gigante asiático ha aumentado también sus inversiones en energía solar y eólica, así como en almacenamiento energético y redes inteligentes. Las autoridades locales han anunciado que la capacidad instalada de energías renovables crecerá un 25% este año, superando los objetivos previstos originalmente.
El impacto del cierre de Ormuz no solo ha afectado a China, sino a toda la economía global. La Unión Europea, dependiente de las importaciones energéticas, también ha visto alterados sus suministros, aunque el efecto ha sido más acusado en los países asiáticos. Para España, la crisis ha encarecido el precio del petróleo y los combustibles, aunque el Gobierno ha asegurado que las reservas estratégicas son suficientes para garantizar el suministro.
La transición energética china, impulsada ahora por consideraciones de seguridad nacional, podría tener un efecto transformador en los mercados mundiales de energía y en la lucha contra el cambio climático, según los expertos consultados.



