La cumbre entre el presidente estadounidense Donald Trump y el mandatario chino Xi Jinping, celebrada este jueves en Pekín, ha despertado inquietud en el Kremlin. Medios y analistas chinos interpretan el encuentro como un posible punto de inflexión en la relación bilateral, que podría dejar a Rusia en una posición estratégica debilitada.

En sus declaraciones iniciales, Xi señaló que China y Estados Unidos «deberían ser socios, no rivales», aunque advirtió a Trump sobre los riesgos de una crisis en Taiwán. La prensa china destaca que el tono conciliador de Pekín contrasta con la habitual dureza contra Washington y abre la puerta a un acercamiento táctico entre las dos mayores economías del mundo.

China busca equilibrar su relación con EE.UU.

Según la lectura de los analistas chinos, el objetivo de Pekín es estabilizar las relaciones con Washington para ganar margen de maniobra frente a la creciente presión económica y militar del bloque atlántico. Un posible entendimiento entre Trump y Xi incluiría concesiones comerciales y un compromiso de evitar una escalada militar en el estrecho de Taiwán, según estas mismas fuentes.

Sin embargo, el acercamiento tiene un precio para Moscú. The Kremlin, que observa con nerviosismo la cumbre, teme que un pacto entre EE.UU. y China pueda traducirse en un mayor aislamiento ruso. La alianza estratégica chino-rusa, reforzada tras la invasión de Ucrania en 2022, podría enfriarse si Pekín prioriza sus intereses económicos con Washington.

Si China y EE.UU. logran un acuerdo amplio, Putin podría quedar marginado en el nuevo tablero global, sin el respaldo explícito de su principal aliado asiático.

El propio Trump ha mostrado en el pasado admiración por la figura de Xi y ha defendido un enfoque pragmático hacia Pekín, lo que contrasta con la retórica belicosa de la administración Biden. Para Moscú, cualquier señal de distensión entre las dos potencias es una mala noticia, ya que reduce su capacidad de presión frente a la OTAN y expone la vulnerabilidad de su economía, sancionada y dependiente de la energía.

Equilibrio de poder en juego

La cumbre de Pekín se produce en un momento en que la guerra en Ucrania entra en su cuarto año, con Rusia desgastada y sin avances significativos en el frente. Un giro de China hacia Estados Unidos podría acelerar el fin del conflicto en términos desfavorables para Putin, al privarle del colchón diplomático y comercial que Pekín le ha proporcionado hasta ahora.

Por el momento, ni la Casa Blanca ni el Ministerio de Asuntos Exteriores chino han confirmado acuerdos concretos, pero el simple hecho de que las conversaciones se hayan celebrado en un ambiente cordial es interpretado por los analistas chinos como una victoria para la estrategia de «desescalada selectiva» de Xi. Para Putin, en cambio, cada minuto de la cumbre es una razón para el nerviosismo.