La Armada de Chile ha puesto en marcha un plan de recuperación y actualización de sus fragatas Clase M y de los submarinos Scorpène SS-22 Carrera y SS-23 O’Higgins, con el objetivo de prolongar la vida útil de estas unidades y mantener la capacidad disuasiva en el Pacífico. El proyecto, de gran envergadura para la institución y para el país, es liderado por la Dirección de Recuperación de Unidades de la Armada (DRUA), según informó la Revista Vigía, publicación oficial de la Armada.
El Contraalmirante Oscar Manzano, al frente de la DRUA, explicó que las recuperaciones y modernizaciones se ejecutan de manera secuencial, acumulando experiencia para las siguientes unidades. Aunque no se han detallado el número exacto de fragatas ni el alcance completo de las mejoras, el plan busca mantener operativas las principales unidades de superficie y submarinas de la Armada chilena, en un contexto de creciente demanda de capacidad naval en la región. La iniciativa supone un esfuerzo significativo para la Armada, que prioriza la prolongación de la vida útil de sus medios navales más relevantes, en un momento en que la industria naval chilena refuerza su capacidad de mantenimiento y reparación.
Los submarinos Scorpène, construidos en Francia, son la columna vertebral de la flota submarina chilena. Las fragatas Clase M, de origen neerlandés, constituyen la principal capacidad de escolta y defensa antiaérea de la escuadra. La modernización secuencial, según detalló el Contraalmirante Manzano, permite acumular experiencia en cada intervención, optimizando los procesos para las siguientes unidades. La Armada chilena no ha precisado plazos ni montos de inversión, pero la planificación apunta a mantener su capacidad disuasiva en el Pacífico suroriental.




