La Armada de Chile avanza en la modernización de media vida de su flota submarina, centrada en la actualización de los periscopios de ataque de los dos submarinos clase Scorpène (SS-22 Carrera y SS-23 O’Higgins). El programa, anunciado el 9 de junio de 2026, busca mantener la capacidad de combate de estos buques ante la evolución tecnológica de sensores y amenazas.

Un encuentro clave en las instalaciones navales

El Jefe de Estado Mayor de la Fuerza de Submarinos, contralmirante Federico Saelzer Concha, recibió en las instalaciones de la Fuerza de Submarinos a una delegación de ejecutivos de Safran Electronics & Defense, empresa responsable de implementar las mejoras en los periscopios de ataque, según informó la Armada chilena.

Los submarinos Scorpène, en servicio desde 2005 y 2007 respectivamente, son la columna vertebral de la flota submarina chilena. La modernización de sus periscopios —componentes críticos para la vigilancia y la adquisición de blancos— permitirá integrar nuevas capacidades optrónicas y de procesamiento de datos, alineándose con los estándares actuales de la guerra submarina.

Inversión estratégica para la defensa chilena

El programa de modernización de media vida es un hito habitual en la vida operativa de los submarinos, que suele realizarse hacia la mitad de su ciclo de servicio, estimado en unos 30 años. En el caso de los Scorpène chilenos, esta actualización resulta clave para garantizar su efectividad hasta la década de 2030 y más allá.

Chile mantiene así su apuesta por la disuasión submarina como pilar de su defensa, en un contexto regional donde varios países sudamericanos han renovado o planean renovar sus capacidades subacuáticas. La Armada chilena no ha revelado el presupuesto asignado a esta fase del programa ni el calendario completo de las obras, que se realizarán en los astilleros nacionales.