La empresa estadounidense Centrus Energy ha firmado el contrato definitivo con el Departamento de Energía de EE.UU. (DOE) para la producción a gran escala de uranio de bajo enriquecimiento de alto ensayo (HALEU), por un valor de 900 millones de dólares (unos 786 millones de euros). El acuerdo, concretado el 3 de julio de 2026, supone un paso decisivo para garantizar el suministro de combustible a los reactores modulares pequeños (SMR) y otros diseños avanzados, reduciendo la dependencia de proveedores extranjeros, especialmente de Rusia.

Detalles del acuerdo

El contrato, adjudicado inicialmente a principios de este año, contempla el despliegue de una capacidad de enriquecimiento de HALEU a escala comercial en las instalaciones de Centrus en Piketon, Ohio. Además de los 900 millones de dólares base, el acuerdo incluye opciones para compras adicionales de HALEU por valor de hasta 170 millones de dólares para misiones del DOE, elevando el valor total del contrato, con todas las opciones, a 1.070 millones de dólares.

Según ha informado Centrus Energy, este hito forma parte de su expansión multimillonaria, que también abarcará el enriquecimiento de uranio de bajo enriquecimiento (LEU). La compañía ha pasado de una fase de demostración tecnológica a la producción industrial, un movimiento clave para la cadena de suministro nuclear estadounidense.

Implicaciones estratégicas

El HALEU es un combustible esencial para los reactores avanzados de cuarta generación y los SMR, que requieren un enriquecimiento de entre el 5% y el 20%, superior al del uranio convencional. Hasta ahora, la mayor parte del HALEU se suministraba desde Rusia, lo que generaba una vulnerabilidad estratégica para el programa nuclear civil y militar de EE.UU. El DOE ha priorizado el desarrollo de capacidad doméstica de HALEU como parte de su estrategia de seguridad energética.

El contrato finalizado con Centrus asegura una fuente fiable de combustible para los proyectos de reactores avanzados que están en desarrollo en Norteamérica, Europa y Asia, y refuerza la posición de Estados Unidos en el mercado nuclear mundial, en un contexto de creciente demanda de energía baja en carbono y de competencia geopolítica con China y Rusia.